Pero el dolor era compartido, y nunca se ejercía sin el consentimiento del otro. Si la otra persona no consideraba que el dolor le aportaba placer, no era sexo. Era tortura. Hay una gran diferencia entre tortura y sexo un poco duro. Pero para los sádicos, no hay diferencia. En las formas extremas, son incapaces de mantener relaciones sexuales sin violencia o, como mínimo, sin que su víctima les tema. Sin embargo, la mayoría de sádicos son capaces de tener unas relaciones sexuales más normales. Usan esto para engañarte, pero con el tiempo no pueden mantener una relación normal. Al fina, afloran sus verdaderos deseos y deben satisfacerlos.

¿Cómo me había convertido en una experta en estos temas? Como dije, pasé mi despertar sexual en la corte de la Oscuridad. Entiéndeme bien. La corte de la Luz tiene su propia gama de prácticas no habituales, pero comparten el punto de vista humano más generalizado de dominio y sumisión. La corte de la Oscuridad ve estas cosas con mejores ojos o, por decirlo de otro modo, tiene una postura más abierta. También puede deberse a que la reina del Aire y la Oscuridad, mi tía, gobernadora absoluta de la corte en ls últimos mil años, siglo más o menos, es muy dominante y está rozando el sadismo sexual. Ha formado la corte a su imagen, igual que mi tío, el rey de la Luz y la Ilusión de la corte de la Luz, la forjó según su propia imagen. Extrañamente, uno puede intrigar y mentir más fácilmente en la corte de la Luz. Se vive en una ilusión. Si algo parece bueno en el exterior, tiene que se bueno. La corte de la Oscuridad es más honesta, en la mayoría de ocasiones.

– Naomi -intervino Teresa-, ¿fue ésta su primera relación con maltratos?

La mujer asintió.

– Todavía no comprendo cómo permití que llegara a tal extremo -contestó.

Miré a Teresa, y ella inclinó fugazmente la cabeza para darme a entender que había escuchado la respuesta y que la mujer estaba contando la verdad. Como he dicho, Teresa es una de las personas con poderes psíquicos más capacitadas del país. No sólo hay que vigilar sus manos. En la mayoría de ocasiones, puede decirte si estás mintiendo o no. He tenido que ir con mucho cuidado con ella en estos tres años que llevamos trabajando juntas.



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