

James Patterson
Bikini
Al equipo local:
Suzie y John, Brendan y Jack
PRÓLOGO
Sólo los hechosSé cosas que preferiría ignorar.
Un auténtico asesino psicópata no se parece en nada al homicida común. No es como el atracador que se asusta y descarga su pistola sobre un infeliz empleado de licorería, ni como el hombre que irrumpe en la oficina de su corredor bursátil y le vuela la cabeza, ni como el marido que estrangula a su mujer a causa de una infidelidad real o imaginaria.
Los psicópatas no están motivados por el amor, el miedo, la furia o el odio. No sienten esas emociones.
No sienten nada. Sé de qué hablo.
Gacy, Bundy, Dahmer, BTK Arder y las demás estrellas del gremio de los asesinos depravados eran gente distante, impulsada por el ansia sexual y la emoción de la cacería. Si alguien creyó ver remordimiento en los ojos de Ted Bundy cuando confesó haber matado a treinta mujeres jóvenes, sólo se lo imaginó, porque lo que distingue al psicópata de los demás homicidas es que le importan un bledo la vida y la muerte de sus víctimas.
Pero puede fingir que le importan. Remeda las emociones humanas para pasar inadvertido entre nosotros y acechar a su presa. Para acercarse poco a poco. Y una vez que ha matado, busca una emoción nueva y más intensa, sin límites, sin tabúes, sin restricciones.
Me han dicho que uno puede «distraerse» al estar tan consumido por sus apetitos inconfesables, y así los psicópatas cometen fallos.
Sí, a veces cometen errores.
Quizás ustedes recuerden la primavera de 2007, cuando Kim McDaniels, modelo de bikinis, fue secuestrada en una playa de Hawai. Nadie pidió rescate. La policía local se mostró lenta, arrogante e inepta, y no hubo testigos ni informadores que supieran quién había raptado a esa bella y talentosa mujer.
