
En esa época, yo era un ex policía metido a novelista, pero como mi último libro había ido casi directamente de la distribuidora a las mesas de saldo, era un novelista venido a menos que procuraba sobrevivir sin tener que escribir culebrones.
Así que trabajaba como periodista en la sección de crónicas policiales del L.A. Times y trataba de ser optimista: así fue como el escritor Michael Connelly inició su carrera hacia la fama y el éxito.
El viernes por la noche, veinticuatro horas después de la desaparición de Kim, yo estaba ante mi escritorio, redactando otro artículo rutinariamente trágico sobre la víctima de un tiroteo, cuando mi jefe de redacción, Daniel Aronstein, se asomó a mi cubículo, dijo «Mueve el culo» y me arrojó un billete a Maui.
Entonces yo frisaba los cuarenta y sufría una indigestión de escenas del crimen, pero me decía que estaba en un puesto ideal para pillar la idea que me permitiera escribir el libro que daría un giro radical a mi vida. Me aferraba a esa ilusión para conservar mi deshilachada esperanza de lograr un futuro mejor.
Lo extraño es que cuando la gran idea llamó a mi puerta no supe reconocerla.
El billete a Hawai me brindaba una ansiada oportunidad. Presentía un pasatiempo cinco estrellas; bares con vistas al mar y chicas semidesnudas, codo a codo con la competencia: todo eso a cuenta del L.A. Times.
Cogí el billete y volé hacia el artículo más importante de mi carrera.
El secuestro de Kim McDaniels era un incidente inesperado, una historia caliente de duración desconocida. Todas las agencias de noticias del planeta ya estaban pendientes de ella cuando me sumé a la multitud de reporteros que se agolpaba frente al cordón policial ante el hotel Wailea Princess.
Al principio pensé lo que pensaban todos: Kim había bebido más de la cuenta y caído en manos de unos chicos malos que, tras violarla, la mataron y se deshicieron del cuerpo. La «Bella Ausente» ocuparía los titulares durante una semana o un mes, hasta que algún imbécil de la farándula o el Departamento de Seguridad Interior recobrara la primera plana.
