– ¡Oye, amigo, te estoy hablando! -gritó Kim.

– Tendrías que oír esto -dijo él. Le dijo el nombre de la pieza musical, le dijo que conocía al artista, que ése era el primer corte del estudio.

Se levantó, le acercó los auriculares y le apoyó uno en la oreja.

– ¿No es maravilloso?

El plan de fuga de Kim se evaporó. Había perdido su gran oportunidad de seducirlo. «Hará lo que quiera hacer», pensó. Aunque todavía podía suplicar por su vida. Decirle que sería más divertido si ella participaba. Pero su mente estaba embarullada por la inyección que él le había puesto y se sentía demasiado floja para moverse.

Escrutó los ojos grises del hombre y él la miró como si sintiera afecto por ella. Quizá pudiera valerse de eso.

– Escúchame -dijo-, la gente sabe que he desaparecido. Gente importante. Life Incorporated. ¿Has oído hablar de ellos? Tengo un toque de queda, como todas las modelos. La policía ya me está buscando.

– Yo no me preocuparía por la policía, Kim -dijo James Blonde-. He sido muy cuidadoso. -Se sentó en la cama junto a ella y le apoyó la mano en la mejilla, con admiración. Luego se puso guantes de látex.

Kim reparó en el color de los guantes porque eran azules. Él tomó algo de un clavo de la pared, una especie de máscara. Cuando se la puso, sus rasgos se distorsionaron. Y eran escalofriantes.

– ¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer?

Los gritos de Kim rebotaron en el cuartucho.

– Eso ha sido sensacional -dijo el hombre-. ¿Puedes hacerlo de nuevo? ¿Estás preparada, Kim?

Se aproximó a cada una de las cámaras, revisó el ángulo a través de las lentes, las encendió. Las brillantes luces resplandecieron.

Kim siguió los guantes azules mientras le apartaban la sábana de satén. La habitación estaba fresca, pero el sudor le perló la piel de inmediato.

Supo que él iba a violarla.

– No tienes que hacerlo así-le dijo.

– Claro que sí.



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