La masiva cabeza hizo un gesto en su dirección, la boca de acero se dobló en una amistosa sonrisa, y hubo un guiño de complicidad. Entonces la pequeña legión hubo pasado, y apresurándose tras ella llegó un grupo de robots auxiliares cubiertos de polvo, saltando y arrastrándose o deslizándose sobre cadenas. Tan pronto como estos hubieron pasado, Bill escaló torpemente la verja de raíles y corrió tras ellos. No habían ocurrido más que dos acontecimientos interesante en los últimos cuatro años, y no estaba dispuesto a perderse lo que parecía ser el tercero.

Una multitud se había ya arremolinado en la plaza del mercado cuando llegó Bill, y estaban escuchando el entusiasta concierto de la banda. El robot se adentró en los gloriosos compases de SOLDADOS ESTELARES AVANTE HACIA EL CIELO, siguiendo luego con Los COHETES RUGEN, y casi demoliéndose a sí mismo en el tumultuoso ritmo de Los ZAPADORES CAVAN TRINCHERAS. Interpretó esta última marcha con tal energía que una de sus piernas salió disparada, elevándose hacia lo alto, pero la logró recoger antes de que cayese al suelo, y la música terminó con el robot balanceándose sobre la pierna que le quedaba y marcando el compás con la desencajada. Igualmente, tras un último redoble de los tambores, que casi destruyó los tímpanos del auditorio, la usó para señalar al otro lado de la plaza, en donde se había erigido una pantalla tridimensional y un puesto de refrescos. Los soldados habían desaparecido en el interior de la taberna, y el sargento reclutador se hallaba solo entre sus robots, enarbolando una sonrisa de bienvenida.

— ¡Escuchen esto! ¡Bebidas gratis para todos, regalo del Emperador, y algunas movidas escenas de emocionantes aventuras en climas exóticos para divertirles mientras trasegan las bebidas! — gritó con una voz inmensa y correosa.

La mayor parte de la gente vagó hacia allí, con Bill entre ellos, aunque algunos amargados antimilitaristas tradicionales se escaparan por entre las casas.



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