
Era la primera noche de sus catorce días.
Al principio discurrían despacio, pero hacia el final aceleraban y te dejaban sorprendido por no haber aprovechado mejor el tiempo. Esa primera noche era la más larga. Era la que había que pasar bebiendo.
Se fueron a otro bar. Uno de sus nuevos amigos llevaba una vieja bolsa Adidas de plástico rojo con bolsillo lateral y la correa rota. Igual que una que tuvo a los catorce o quince años, cuando iba al colegio.
– ¿Qué llevas ahí, los trastos de hacer deporte? -dijo en broma.
Se echaron a reír dándose palmadas en la espalda.
En el nuevo local optaron por tomar chupitos. El pub estaba lleno de tías.
– No pararás de pensar en ellas en la plataforma -comentó uno de sus nuevos amigos-. Yo me vuelvo loco.
– O te pones ciego -dijo el otro.
– Yo también -añadió él, riendo y apurando otro Black Heart.
No solía beber ron negro; lo había iniciado un pescador de Stonehaven: OVD o Black Heart; a él le gustaba más el Black Heart. Por el nombre.
Había que comprar bebida para seguir la juerga. Estaba cansado. Tres horas de tren desde Aberdeen y antes, el helicóptero de la empresa. Ya estaban sus amigos comprando en la barra: una botella de Bell's, otra de Black Heart, doce latas de cerveza, patatas y cigarrillos. Allí salía muy caro, pero lo pagaron a escote, no querían gorrearle.
En la calle les costó encontrar un taxi. Circulaban muchos pero iban ocupados.
