
Rebus le lanzó una mirada en apariencia inocente al tiempo que negaba con la cabeza. No podía permitirse ningún desliz más. De un bolsillo lateral extrajo una bolsa de compras con más casetes -Neil Young, Pearl Jam y de nuevo los Dancing Pigs- y el ticket de caja de La Voz de su Amo de Aberdeen.
– Me da la impresión de que trabajaba en la ciudad de granito -dijo Rebus.
Del otro bolsillo lateral Bain sacó un folleto doblado en cuatro. Lo desdobló, lo abrió y se lo pasó a Rebus. Era una fotografía en color de una plataforma petrolífera con la leyenda: «LA PETROLERA T-BIRD ROMPE EL EQUILIBRIO» y un segundo titular: «Fuera las instalaciones marítimas. Una sencilla propuesta». En el interior, junto a otro texto, había mapas de colores, gráficos y estadísticas. Rebus leyó el primer párrafo:
– «Había en un principio, hace millones de años, organismos microscópicos que vivían y morían en los ríos y mares. Esos seres dieron su vida para que millones de años después -miró a Bain- nosotros vayamos en coche.»
– Me da la impresión de que el de la verja trabajaba en una empresa petrolífera.
– Se llamaba Alian Mitchison -le reprochó Rebus en voz baja.
Amanecía cuando Rebus llegó finalmente a casa. Encendió el equipo de alta fidelidad con el volumen muy bajo, lavó un vaso en la cocina y se sirvió dos dedos de Laphroaig con un chorrito de agua del grifo. Ciertos whiskies requerían agua. Se sentó a la mesa de la cocina y hojeó los periódicos, los recortes del caso Johnny Biblia y las fotocopias del antiguo caso John Biblia. Había estado todo un día en la Biblioteca Nacional revisando por encima los años 1968-1970 y pasando metraje de microfilme por la visionadora. Un auténtico festival de noticias: Rosyth a punto de perder el mando de la Royal Navy, proyecto en Invergordon de un complejo petroquímico por valor de cincuenta millones de libras y en la cadena ABC proyectaban Camelot.
Se anunciaba un opúsculo, Cómo debe gobernarse Escocia, junto a cartas al director sobre el tema de la autonomía.
