– Tendría que informarme más.

– De acuerdo. Yo también he hecho mis averiguaciones -dijo ella-. Pero si llegas a la misma conclusión que yo, ¿estás dispuesto a intentarlo?

– ¿Estás pidiéndome en serio que me case contigo?

– Creía que era al revés.

– Es algo recíproco.

– Pero yo ya he dicho que sí y tú todavía no -dije Rose-. Venga, pídemelo, puede ser divertido.

– Yo no hago cosas por diversión.

– Yo tampoco -Rose pareció molestarse-, al menos desde hace varios años. Así que somos perfectamente compatibles. Yo estoy dispuesta a correr el riesgo. ¿Y tú? ¿Sí o no?

No era una espada lo que le hacía dudar, sino la posibilidad que se abría ante él de hacer algo importante por los demás.

Rose lo observaba con una expresión sosegada en su ojos grises. Esperaba su respuesta.

También esperaba Erhard. Dos personas en las que confiaba intuitivamente, querían embarcarse en una empresa conjunta por el bien común. ¿Qué otra cosa podía hacer?

– Sí -dijo al fin. Tras un tenso silencio, Erhard y Rose sonrieron.

– Pues ya está -dijo Rose-; propuesta aceptada. Estamos de enhorabuena… Y aquí llega el postre. ¿Podríamos beber un poco más de champán?

Capítulo 3

Al acabar el postre, Rose decidió marcharse sin esperar al café.

– Me he levantado de madrugada y quiero caminar un poco antes de meterme en la cama -dijo-. No quiero compañía, necesito pensar y planear. Entre otras cosas, tengo que encontrar alguien que quiera ocuparse de una granja.

– Si no hay problemas, podréis casaros en cuatro semanas -dijo Erhard-. Lo mejor será celebrar la boda en Alp de Montez.

– Muy bien -dijo ella, y aunque vacilante, se inclinó y besó al anciano en la frente-. Cuídate, por favor. Hazlo por mí.

Y se marchó.



20 из 112