– No es culpa tuya -dijo Erhard con dulzura-. Y lo importante es que estás aquí, lo que significa que estás dispuesta a escucharme. Puede que suene increíble pero…

– Tú no sabes lo que significa esa palabra -dijo ella enigmáticamente-. Para mí, no hay nada increíble…

Erhard asintió. Parecía dispuesto a ser el que hablara y Nick no tenía nada que objetar. Así podía dedicarse a lo que le apetecía: mirarla.

– Como he dicho, no sé cuánto sabes -explicó el anciano-. A lo largo de esta semana he hablado con Nick, pero lo mejor será que empiece por el principio.

– Adelante -dijo Rose, dando otro sorbito al champán y sonriendo.

Cada vez que sonreía, Nick se quedaba boquiabierto. Era una sonrisa increíble.

Erhard lo miró con sorna. Era un hombre astuto. Cuanto mas lo conocía Nick, más le gustaba. Quizá debía apartar la mirada de Rose. Quizá su rostro reflejaba lo que estaba pensando. Pero… ¿por qué hacerlo? Dejar de mirarla sería un crimen.

– No sé si conocéis la historia de Alp de Montez -continuo Erhard, mirándolos alternativamente-, así que os haré un resumen. En el siglo XVI, un rey tuvo cinco hijos que crecieron enfrentados. Para evitar problemas entre ellos, el viejo rey dividió su territorio en cinco reinos y exigió que los cuatro menores se mantuvieran leales al primogénito. Sin embargo, el espíritu guerrero no suele dar lugar a un buen gobierno, y los príncipes y sus descendientes ¡levaron a sus reinos al borde del desastre.

– Pero dos de ellos empiezan a recuperarse -intervino Nick. Y Erhard asintió.

– Sí. Dos han adoptado un sistema democrático. De los otros, el que pasa por peor momento es Alp de Montez. El viejo príncipe, vuestro abuelo, dejó el poder en manos de un pequeño consejo. El jefe de ese consejo es Jacques St. Ivés, quien ha acumulado un poder absoluto a lo largo de los últimos años. Y el país está en una situación desesperada. Los impuestos son altísimos, la economía está al borde del colapso y miles de ciudadanos han tenido que emigrar.



8 из 112