Water separó la silla para que Rose se sentara, tomó la comanda y les ofreció champán mientras Nick estudiaba a Rose conteniendo su admiración a duras penas.

– Sí, por favor -dijo Rose con una sonrisa resplandeciente. Cuando la copa de champán llegó, la tomó y metió la nariz en ella al tiempo que cerraba los ojos como si fuera la primera vez que lo bebiera en muchos años.

– Veo que te gusta el champán -dijo Nick fascinado.

Ella suspiró con una encantadora sonrisa.

– No sabes cuánto -dijo, dando un par de sorbos antes de dejar la copa sobre la mesa.

– Estamos encantados de que hayas podido venir -dijo Erhard antes de mirar a Nick-. ¿Verdad, Nick?

– Desde luego -dijo Nick, sobresaltándose.

– Siento que os resultara difícil dar conmigo -dijo ella, dirigiendo una mirada apreciadora a su alrededor-. Mi familia tiene la peculiar idea de que necesito ser protegida.

– ¿Y no es verdad? -preguntó Nick.

– No -dijo ella, bebiendo champán con aire casi retador-. Desde luego que no. ¡Esto es maravilloso!

Nick pensó que ella sí que lo era.

– Lo mejor será que explique la situación sucintamente- dijo Erhard, sonriendo a Nick como si se diera cuenta de que estaba hechizado-. Rose, no sé hasta qué punto estás informada.

– La verdad es que sólo sé lo que contabas en la nota -dijo ella-. Creo que todo el pueblo se había puesto de acuerdo para que no pudieras hablar conmigo. De no haber sido por Ben, el cartero, un hombre íntegro, puede que nunca hubiera llegado a saber de vosotros.

– ¿Cómo es posible que temieran a Erhard? -preguntó Nick atónito.

– Mis suegros saben que tengo vínculos con la realeza -dijo ella-. A mi marido le gustaba bromear al respecto. Pero desde que murió, todo aquello que pudiera separarme de ellos les resultaba sospechoso. Supongo que al ver que Erhard hablaba con acento extranjero y tenía un porte elegante lo consideraron potencialmente peligroso. Mis suegros son conocidos en la comarca y tienen muchas influencias. Lo siento.



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