
– Estuve con el Mago de Folk -dijo una Brida ya medio desconcertada, sin saber cómo continuar-. Él me habló sobre la Noche Oscura. Él me dijo que el camino de la sabiduría es no tener miedo de errar.
Reparó en que el librero ya estaba prestando más atención a sus palabras. Si el Mago le había enseñado algo, es porque ella debía ser una persona especial.
– Si sabes que el camino es la Noche Oscura, entonces, ¿por qué buscar los libros? -dijo él, finalmente, y ella entendió que la referencia al Mago no había sido una buena idea.
– Porque no quiero aprender de esa manera -respondió ella.
El librero se quedó mirando a la joven que estaba frente a él. Ella poseía un Don. Pero era extraño que, sólo por esto, el Mago de Folk le hubiese dedicado tanta atención. Debía haber otra causa. También podía ser mentira, pero ella había hecho comentarios sobre la Noche Oscura.
– Te he visto siempre por aquí -dijo-. Entras, hojeas todo y nunca compras libros.
– Son caros -dijo Brida, presintiendo que él estaba interesado en continuar la conversación-. Pero he leído otros libros, frecuenté varios cursos.
'Le dijo el nombre de los profesores. Tal vez el librero se quedase todavía más impresionado.
De nuevo la situación resultó contraria a sus expectativas. El librero la interrumpió y fue a atender a un
cliente que quería saber si el almanaque con las posiciones planetarias para los próximos cien años había llegado.
El librero consultó una serie de paquetes que estaban debajo del mostrador. Brida reparó en que los paquetes traían sellos de distintas partes del mundo.
Estaba cada vez más nerviosa; su coraje inicial había pasado por completo. Pero tuvo que esperar a que el cliente recibiera el libro, pagase, le devolvieran el cambio y se fuera. Sólo entonces, el librero se dirigió nuevamente a ella.
– No sé cómo continuar -dijo Brida. Sus ojos estaban comenzando a ponerse colorados.
