
En nuestros encuentros siguientes, ella me contó la historia de su búsqueda. Cuando terminó, le pregunté si podría, algún día, escribir lo que había oído.
En un primer momento ella asintió. Pero, cada vez que nos encontrábamos, iba colocando un obstáculo. Me pidió que cambiase los nombres de las personas involucradas, quería saber qué tipo de gente lo leería y cómo reaccionarían.
– No puedo saberlo -respondí-, pero creo que ésta no es la causa de tu preocupación.
– Tienes razón -dijo ella-. Es porque creo que es una experiencia muy particular. No sé si las personas podrán sacar algo provechoso de ella.
Éste es un riesgo que ahora corremos juntos, Brida. Un texto anónimo de la Tradición dice que cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: Construir o Plantar. Los constructores pueden demorar años en sus tareas, pero un día terminan aquello que estaban haciendo. Entonces se paran y quedan limitados por sus propias paredes. La vida pierde el sentido cuando la construcción acaba.
Pero existen los que plantan. Éstos a veces sufren con las tempestades, las estaciones y raramente descansan. Pero al contrario que un edificio, el jardín jamás para de crecer. Y, al mismo tiempo que exige la atención del jardinero, también permite que, para él, la vida sea una gran aventura.
Los jardineros se reconocerán entre sí, porque saben que en la historia de cada planta está el crecimiento de toda la Tierra.
EL AUTOR
IRLANDA
Agosto 1983 – Marzo 1984
Verano y Otoño
– Deseo aprender magia -dijo la chica.
El Mago la miró. Jeans descoloridos, camiseta y el aire de desafío que toda persona tímida acostumbra usar cuando no debía. "Debo tener el doble de su edad", pensó el Mago. Y, a pesar de esto, sabía que estaba delante de su Otra Parte.
