– Mi nombre es Brida -continuó ella-. Disculpe por no haberme presentado. Esperé mucho este momento, y estoy más ansiosa de lo que pensaba.

– ¿Para qué quieres aprender magia? -preguntó él. -Para responder algunas preguntas de mi vida. Para conocer los poderes ocultos. Y, tal vez, para viajar al pasado y al futuro.

No era la primera vez que alguien iba hasta el bosque para pedirle esto. Hubo una época en que había sido un Maestro muy conocido y respetado por la Tradición. Había aceptado varios discípulos y creído que el mundo cambiaría en la medida en que él pudiese cambiar a aquellos que lo rodeaban. Pero había cometido un error. Y los Maestros de la Tradición no pueden cometer errores.

– ¿No crees que eres muy joven?

– Tengo veintiún años -dijo Brida-. Si quisiera aprender ballet ahora, ya me encontrarían demasiado vieja.

El mago le hizo una seña para que lo acompañase. Los dos comenzaron a caminar juntos por el bosque, en silencio. "Es bonita-pensaba él, mientras las sombras de los árboles iban mudando rápidamente de posición porque el sol ya estaba cerca del horizonte-. Pero le doblo la edad." Esto significaba que posiblemente iba a sufrir.

Brida estaba irritada por el silencio del hombre que caminaba a su lado; su última frase ni siquiera había merecido un comentario por parte de él. El suelo del bosque estaba húmedo, cubierto de hojas secas; ella también reparó en las sombras cambiantes y la noche cayendo rápidamente. Dentro de poco oscurecería, y ellos no llevaban ninguna linterna.

"Tengo que confiar en él -se alentaba a sí misma-. Si creo que él me puede enseñar magia, también he de creer que me puede guiar por un bosque."

Continuaron caminando. El parecía andar sin rumbo, de un lado para otro, cambiando de dirección sin que ningún obstáculo estuviese interrumpiendo su camino. Más de una vez anduvieron en círculos, pasando tres o cuatro veces por el mismo lugar.



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