– Señor Golden -murmuró mientras se dejaba caer en una silla evitando pensar que, gracias a Sheryl, había visto su trasero desnudo.

– Por favor, llámame Josh.

«¿Y cuántas mujeres gritan ese nombre regularmente?», se preguntó centrando su atención en la alcaldesa.

– Josh está exagerando el papel que he desempeñado en la reunión -dijo, complacida de ver que podía hablar y pronunciar una frase seguida-. Él sabía lo de la oferta de la tierra que era lo que impedía que la universidad firmara. Una vez se tratara ese aspecto, los demás problemas quedarían solucionados.

– Entiendo -Marsha miró a Josh, que se encogió de hombros con modestia.

Dado el hecho de que era un deportista famoso y que se sentía tan cómodo luciendo su trasero ante las cámaras, se habría esperado que aprovechara toda oportunidad de poder ser la estrella del momento, pero no fue así.

– Tenemos la declaración de intenciones -continuó Charity-. Le diré a Sheryl que convoque una reunión para seguir moviéndonos. Con las licencias de construcción preparadas, podemos acelerar el proceso y lograr que el complejo de investigación se construya rápidamente.

– Excelente -Marsha le sonrió-. ¿Por qué no vas a instalarte? Has estado muy ocupada tus primeras horas aquí. Mañana almorzaremos para que puedas contarme cómo te va.

– Gracias -Charity se levantó-. Encantada de conocerte, Josh -dijo alejándose de él a la vez que caminaba hacia atrás para que él no pudiera volver a estrecharle la mano.

Una vez estuviera a salvo en su despacho, lo primero que haría sería hablar seriamente consigo misma. Ella jamás, ¡nunca en su vida!, había reaccionado así ante un hombre, y resultaba más que embarazoso porque esa sensación tenía el potencial de interferir con sus capacidades para desarrollar su trabajo. Podía aceptar que algún fallo genético le hiciera elegir siempre al chico equivocado, pero no se permitiría actuar como una groupie o una loca hambrienta de sexo cuando estuviera cerca de él. Fool's Gold era un lugar pequeño y lo más normal era que se encontraran por la calle, y precisamente por eso tenía que controlarse y controlar sus hormonas.



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