– Sí, pero eso viene después del Festival de Fin de Verano y se centra en libros. Aquí somos gente muy fiestera.

– Eso veo -lo más cerca que Charity había estado de las fiestas de una ciudad había sido un mercadillo de artesanía en el instituto-. Estoy deseando asistir a una.

– ¡Ojalá sólo tuvieras que hacer eso! -dijo Pia exageradamente-. Tú y yo vamos a tener que hablar. Te llamaré para concertar una cita.

– ¿Debería estar nerviosa? -preguntó Charity riéndose.

– No, no pasa nada. Que disfrutéis de vuestro almuerzo -les gritó por encima del hombro mientras se alejaba hacia la puerta.

– Es simpática -dijo Charity. Y, además, debían de ser más o menos de la misma edad. La consideraría una amiga potencial.

– Para que lo sepas, habla mucho y hace poco, por lo menos en lo que respecta a nuestro problema -Marsha sacudió la cabeza-. Oh, Charity, te he metido en una situación muy difícil. Espero que no te importe.

– Estaba buscando un desafío -le respondió ella. Y además de un desafío, había estado buscando un trabajo totalmente distinto al anterior. Había querido empezar de nuevo y el empleo en Fool's Gold le había ofrecido exactamente eso.

– Bien. No quiero asustarte el primer día. Tal vez el segundo…

Charity se rió.

– No me asusto con facilidad. Es más, este fin de semana voy a subirme al coche y voy a ir a ver los distintos barrios que hay en la ciudad.

– ¿Estás pensando en comprarte una casa?

– Ahora mismo no, pero puede que sí en un par de meses. Quiero echar raíces.

Tener una dirección permanente y establecer lazos con una comunidad siempre había sido su fantasía.

– Hay algunas casas preciosas, aunque con todos los hombres que se mudarán aquí, puede que quieras esperar un poco. Has dicho que estabas soltera, así que puede que conozcas al hombre de tu vida.

– No, no -dijo Charity antes de dar un sorbo de café. La alcaldesa Marsha era muy simpática, pero no era la persona más sutil que había conocido.



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