
– ¿No os ayudaría recibir tanta atención?
– Esta ciudad es especial para todos nosotros. No nos interesa que se crean que somos unos bichos raros; lo único que necesitamos es equilibrar nuestra población.
Charity pensó en Josh Golden; era un hombre que perfectamente valía por tres. La alcaldesa Marsha debería casarlo con una de las solteras de allí.
– Pero hay algo bueno en todo esto -le dijo Marsha guiñándole un ojo-. Como eres la que va a reunirse con los propietarios de los negocios, podrás, ser la primera en elegirlos.
– Qué suerte tengo -murmuró Charity, agradecida de que la camarera las interrumpiera. No estaba dispuesta a compartir los detalles de su vida social, o de la falta de la misma, con su nueva jefa. Y no había razón para explicarle que no tenía ningún éxito en el departamento de hombres.
Y aunque haber evitado la afición de su madre por hombres demasiado guapos ya había sido un buen comienzo, eso no le había garantizado nunca un final feliz. Hasta el momento era la embajadora de los desastres amorosos.
Cuando habían terminado de pedir sus platos, una mujer de pelo rizado y bien vestida se acercó a su mesa. Era un poco más alta que Charity y emanaba estilo y atractivo sexual por todas partes.
– ¡Entonces, tú eres la nueva! -dijo alegremente la veinteañera-. Hola. Soy Pia O'Brian, la planificadora de fiestas de Fool's Gold.
– Suena mejor «organizadora de eventos» -dijo Marsha sacudiendo la cabeza.
– Tal vez suene mejor para ti, a mí me gusta el aspecto de fiesta de mi trabajo -Pia sonrió a Charity-. Un placer conocerte.
– Lo mismo digo.
– La verdad es que no planifico fiestas -admitió Pia-. Organizo el Festival de la Primavera, el Festival del Verano y los fuegos artificiales del 4 de julio.
– ¿Y el Festival del Otoño? -preguntó Charity.
Pia se rió.
