Su jefa, la alcaldesa, la había advertido sobre ese grupo y le había ofrecido posponer la reunión, pero Charity había querido probarse a sí misma y se negaba a reconocer que había sido un error.

– Estamos todos -dijo aún sonriendo con tanta seguridad como pudo-. Podemos hacerlo a la antigua.

Desenchufó su ordenador y lo sacó al pasillo donde, sin duda, apestaría al resto del edificio, pero su prioridad tenía que ser la reunión. Estaba decidida a comenzar su nuevo empleo con un triunfo y eso significaba lograr que la Universidad de California en Fool's Gold firmara en la parte inferior de la hoja. Cuando volvió a entrar en la sala de juntas, se acercó a la pizarra y agarró un grueso rotulador azul que había en una pequeña bandeja unida a ella.

– Según lo veo -comenzó a decir, escribiendo el número 1 y rodeándolo-, hay tres escollos. Primero, la larga duración del arrendamiento -escribió un número 2-. Segundo, la reversión de las mejoras de la tierra, concretamente, del edificio en sí mismo. Y 3, la señal de la vía de salida -se giró hacia las diez personas tan bien vestidas que estaban observándola-. ¿Están de acuerdo?

Todos miraron al señor Berman, que asintió lentamente.

– Bien.

Charity había revisado todas las notas de las reuniones anteriores y había hablado con la alcaldesa de Fool's Gold durante la semana. Lo que no podía entender era por qué el proceso de negociación estaba alargándose tanto. Al parecer, el anterior urbanista había querido llevar la razón más que querer un complejo de investigación en la pequeña ciudad, pero la alcaldesa Marsha Tilson había sido muy clara al ofrecerle el puesto a Charity: traer negocio a Fool's Gold y hacerlo enseguida.



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