
Un veloz movimiento captó su atención; miró detrás de los hombros de Sheryl y vio que se había activado el salvapantallas de su ordenador con una diapositiva de imágenes.
La primera imagen que saltó fue la de Josh Golden subido a una bici de carreras. La segunda lo mostraba sonriendo y sin camiseta. La tercera era de un tipo muy desnudo en una ducha dándole la espalda a la cámara. Charity tenía los ojos abiertos de par en par.
Sheryl miró hacia atrás y sonrió.
– Lo sé, está buenísimo. Las he bajado de Internet. ¿Quieres que te las ponga en tu ordenador?
– Ah, no, gracias -vaciló-. No estoy segura de que las imágenes de desnudos sean apropiadas para un despacho.
– ¿En serio? No había pensado en eso, pero supongo que tienes razón. Quitaré la de la ducha, aunque es mi favorita. ¿Has conocido ya a Josh? Es lo que mi abuela llamaría «un primor de hombre». Le he dicho a mi marido que si alguna vez Josh viene a buscarme, me largaré con él.
Así que todas las mujeres del planeta reaccionaban ante Josh del mismo modo que había reaccionado ella. ¡Fabuloso! No había nada más emocionante que formar parte de una multitud de fans, pensó al entrar en su despacho.
Pero eso no era un problema porque no tenía más que evitar a ese hombre hasta que descubriera cómo controlar sus reacciones ante él. Quería un hombre normal, simpático y que no le supusiera ningún riesgo. Su madre siempre se había sentido atraída por los Josh del mundo: hombres demasiado guapos y adorados por las mujeres allá donde fueran, que le habían roto el corazón con regularidad.
Charity se había mentalizado a aprender de los errores de su madre.
Después de dejar su portátil junto a la caja de objetos personales, miró a Sheryl a través de la puerta abierta.
– ¿Puedes llamar a la alcaldesa y preguntarle si puedo ir a verla esta mañana?
