
Ahora estaba frente a un enorme póster del chico misterioso, que le estaba sonriendo desde arriba con un casco de bici bajo un brazo, una camiseta ajustada y unos pantalones cortos que dejaban poco a la imaginación. Bajo la fotografía un breve texto decía que se trataba de Josh Golden, hijo predilecto de Fool's Gold.
Parpadeó una vez… parpadeó dos veces. ¿Josh Golden, el célebre ciclista Josh Golden? ¿El segundo ganador más joven del Tour de Francia y posiblemente de cientos de carreras más? Ella nunca había sido seguidora del ciclismo, ni de ningún otro deporte, pero incluso así sabía quién era. Había estado casado con alguna famosa, aunque no podía recordar quién, y ahora estaba divorciado. Era la imagen de bebidas energéticas y de una importante marca de prendas y artículos de deporte. ¿Vivía allí? ¿Se había presentado en su reunión y la había sacado de ese apuro?
«No puede ser», se dijo. Tal vez se había caído, se había dado un golpe en la cabeza y ahora no podía recordar lo sucedido. Tal vez se encontraba en estado de coma en alguna parte y se lo estaba imaginando todo.
Pasó por delante del póster y fue hacia su despacho. Justo fuera de él vio a una mujer de treinta y tantos años hablando por teléfono. La mujer, muy guapa y morena, levantó la mirada y le sonrió.
– Está aquí, tengo que colgar. Te quiero -se levantó-. Soy Sheryl, su secretaria. Usted es Charity Jones, ¿verdad? Encantada de conocerla oficialmente por fin, señorita Jones.
– Mucho gusto y, por favor, llámame Charity.
Sheryl sonrió.
– Acabo de oír que has logrado que la universidad firme. La alcaldesa Marsha estará bailando de alegría. Han sido unos imbéciles escurridizos, pero has podido con ellos.
