
Escipión. Al matar a mi padre, eligió por mí.
Primer patricio. ¿Dudaréis todavía?
Un caballero. Estamos contigo. Ha dado al pueblo nuestros asientos en el circo y nos ha obligado a luchar con la plebe para castigarnos mejor después.
El viejo patricio. Es un cobarde.
Segundo patricio. Un cínico.
Tercer patricio. Un comediante.
El viejo patricio. Es un impotente.
Tumulto desordenado. Hay blandir de armas. Cae una antorcha. Se vuelca una mesa. Todo el mundo se precipita hacia la salida. Pero entra Quereas, impasible y detiene este arrebato.
ESCENA II
Quereas. ¿A dónde corréis de esa manera?
Un patricio. Al palacio.
Quereas. Comprendo. ¿Pero creéis que os dejarán entrar?
El patricio. No es cuestión de pedir permiso.
Quereas. Lépido, ¿quieres cerrar esa puerta?
Cierran la puerta. Quereas se acerca a la mesa volcada y se sienta en una de las esquinas, mientras todos se vuelven hacia él.
Quereas. No es tan fácil como lo creéis, amigos míos. El miedo que sentís no puede hacer las veces de coraje y sangre fría. Todo esto es prematuro.
Un caballero. Si no estás con nosotros, vete, pero cierra la boca.
Quereas. Sin embargo, creo que estoy con vosotros. Pero no por las mismas razones.
Una voz. ¡Basta de charla!
Quereas (poniéndose de pie). Sí, basta de charla. Quiero las cosas claras. Pues aunque estoy con vosotros, no estoy por vosotros. Porque vuestro método no me parece bueno. No habéis reconocido al verdadero enemigo, ya que le atribuís pequeños motivos. Sólo los tiene grandes, y corréis a la perdición. Vedlo ante todo como es, podréis combatirlo mejor.
Una voz. Lo vemos como es: ¡el más insensato de los tiranos!
Quereas. No. Ya conocimos emperadores locos. Pero éste no es bastante loco. Y lo detesto, pues sabe lo que quiere.
