Pero lo esencial es que en tu opinión, como en la nuestra, las bases de la sociedad están minadas. Para nosotros, ¿verdad?, la cuestión es ante todo moral. La familia tiembla, el respeto al trabajo se pierde, la patria entera está entregada a la blasfemia. La virtud nos pide socorro: ¿nos negaremos a escucharla? Conjurados: ¿aceptaréis que los patricios se vean obligados a correr todas las noches alrededor de la litera del César?

Segundo patricio. ¿Permitiréis que los llamen "mi querida"?

Una Voz. ¿Que les quiten sus mujeres?

Otra. ¿Y su dinero?

Clamor general. ¡No!

Primer patricio. Quereas, has hablado bien. Asimismo, hiciste bien en calmarnos. Es demasiado pronto para obrar; el pueblo aún estaría contra nosotros. ¿Quieres esperar con nosotros el momento oportuno?

Quereas. Sí, dejemos que Calígula continúe. Por el contrario/ alentémoslo. Organicemos su locura. Llegará el día en que esté solo frente a un imperio lleno de muertos y de parientes de muertos.

Clamor general. Afuera, trompetas. Silencio. Luego, de boca en boca, un nombre: Calígula.

ESCENA III

Entran Calígula y Cesonia, seguidos por Helicón y soldados. Escena muda. Calígula se detiene y mira a los conjurados. Va de uno a otro en silencio, a uno le arregla un bucle, retrocede para contemplar a otro, los mira una vez más, se pasa la mano por los ojos y sale sin decir una palabra.

ESCENA IV

Cesonia (irónica, mostrando el desorden). ¿Peleabais?

Quereas. Peleábamos.

Cesonia (siempre irónica). ¿Y por qué peleabais?

Quereas. Por nada.

Cesonia. ¿Entonces no es cierto?

Quereas. ¿Qué no es cierto?

Cesonia. No peleabais.

Quereas. Entonces no peleábamos.

Cesonia (sonriente). Acaso fuera preferible ordenar las habitaciones. Calígula detesta el desorden.



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