
Cesonia. Bueno, Quereas, ¿y si me dijeras ahora por qué luchabais hace un rato?
Quereas (fríamente). Todo fue, Cesonia, porque discutíamos sobre si la poesía debe ser asesina o no.
Cesonia. Es muy interesante. Sin embargo, excede mi entendimiento de mujer. Pero me admira que vuestra pasión por el arte os lleve a cambiar golpes.
Quereas (siempre frío). Es cierto. Pero Calígula me decía que no hay pasión profunda sin cierta crueldad.
Cesonia (comiendo). Hay cierta verdad en esa opinión. ¿No os parece?
El viejo patricio. Calígula es un fino psicólogo.
Primer patricio. Nos habló con elocuencia del coraje.
Segundo patricio. Debería resumir todas sus ideas. Sería inestimable.
Quereas. Sin contar que le proporcionaría una distracción. Pues es evidente que la necesita.
Cesonia (siempre comiendo). Os encantará saber que lo pensó y está escribiendo en este momento un gran tratado.
ESCENA VII
Entran Calígula y la mujer de Mucio
Calígula. Mucio, te devuelvo a tu mujer. Pero perdonadme, tengo que dar algunas instrucciones. (Sale rápidamente.)
Mucio, pálido, se ha puesto de pie.
ESCENA VIII
Cesonia (a Mucio que ha permanecido de pie). Ese gran tratado igualará a los más célebres, Mucio, no lo dudamos.
Mucio (mirando siempre la puerta por la cual ha desaparecido Calígula). ¿Y de qué trata, Cesonia?
Cesonia (indiferente). Ah, es superior a mi entendimiento.
Quereas. Entonces debemos inferir que trata del poder asesino de la poesía.
Cesonia. Así es, creo.
El viejo patricio (con jovialidad). Bueno, eso lo distraerá, como decía Quereas.
Cesonia. Sí, preciosa. Pero lo que sin duda os molestará un poco es el título de la obra.
