El joven escipión. Sí.

Cesonia. ¿Quieres matarlo?

El joven escipión. Sí.

Cesonia (soltándolo). Entonces, ¿por qué me lo dices?

El joven escipión. Porque no temo a nadie. Matarlo o que me maten, son dos maneras de terminar. Además, tú no me traicionarás.

Cesonia. Tienes razón, no te traicionaré. Pero quiero decirte algo, o más bien, quisiera hablar a lo mejor de ti mismo.

El joven escipión. Lo mejor de mí mismo es el odio.

Cesonia. Escúchame tan sólo. La palabra que quiero decirte es a la vez difícil y evidente. Pero es una palabra que, si fuera realmente escuchada, realizaría la única revolución definitiva en este mundo.

El joven escipión. Entonces dila.

Cesonia. Todavía no. Piensa primero en el rostro convulsionado de tu padre cuando le arrancaban la lengua. Piensa en aquella boca llena de sangre y en aquel grito de bestia torturada.

El joven escipión. Sí.

Cesonia. Ahora piensa en Calígula.

El joven escipión (con todo el acento del odio). Sí.

Cesonia. Escucha ahora: trata de comprenderlo.

Sale, dejando desamparado al joven Escipión. Entra Helicón.

ESCENA XIII

Helicón. Calígula me sigue. ¿Y si fueras a comer, poeta?

El joven escipión. ¡Helicón, ayúdame!

Helicón. Es peligroso, paloma. Y no entiendo nada de poesía.

El joven escipión. Podrías ayudarme. Sabes muchas cosas.

Helicón. Sé que los días pasan y que hay que apresurarse a comer. También sé que podrías matar a Calígula… y que él no lo vería con malos ojos.

Entra Calígula. Sale Helicón.

ESCENA XIV

Calígula. Ah, eres tú. (Se detiene, en cierto modo como si buscara aplomo.) Hace tiempo que no te veo. (Acercándose lentamente.) ¿Qué haces? ¿Sigues escribiendo? ¿Puedes mostrarnos tus últimas obras?



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