
– Es un homicidio -añadió Rebus dando un trago a la cerveza y mirando con el ceño fruncido el vaso de lima con soda de Siobhan.
– ¿Cómo es que fuiste allí? -preguntó ella.
– Me llamaron. Alguien de la Central comentó a los de la comisaría del West End que yo soy excedente en Gayfield Square.
– ¿Dijeron eso? -preguntó Siobhan dejando el refresco.
– No hace falta una lupa para leer entre líneas, Shiv.
Siobhan había dejado hacía tiempo de reprender a la gente para que la llamase por el nombre completo y no con un diminutivo. Phyllida Hawes era Phyl y Colin Tibbet, Col, por lo visto a Derek Starr a veces le llamaban Deek, pero ella nunca lo había oído. Hasta el inspector jefe James Macrae le había dicho que le llamase Jim si no estaban en una reunión oficial. Mientras que John Rebus… desde que ella le conocía era John, no Jock o Johnny. Parecía que la gente supiera con sólo mirarle que no era la clase de persona que aguanta diminutivos. Los diminutivos hacen a la gente más amigable, más abordable, más fácil de seguirle el juego. Cuando el inspector jefe Macrae decía: «Shiv, ¿tiene un minuto?», era que quería pedirle algo, pero si decía «Siobhan, por favor, venga a mi despacho», ya no era para congraciarse sino para reconvenirla por algo.
– ¿Qué estás pensando? -preguntó Rebus, que ya había dado cuenta de casi toda la cerveza a que le había invitado ella.
– Pensaba en la víctima -respondió Siobhan meneando la cabeza.
– Era de aspecto asiático o como se diga ahora de forma políticamente correcta -dijo Rebus encogiéndose de hombros y apagando la colilla-. Podría ser mediterráneo o árabe… no lo vi desde muy cerca. Por lo de excedente -añadió moviendo la cajetilla vacía que aplastó antes de acabarse la cerveza-. ¿Tomas otra copa de eso? -preguntó levantándose.
– Si apenas lo he tocado.
– Pues déjalo y bebe algo de verdad. Por hoy ya has acabado, ¿no?
