
– Susie, ¿qué edad tendría?
– Era mayor… Cuarenta o cincuenta años.
Angie lanzó un bufido.
– Viejo para ti, tal vez -dijo.
Ella tendría unos cincuenta años pero iba peinada como una mujer de veinte años menos.
– ¿Qué te dijo ella cuando le preguntaste quién era?
– Que me callara.
– ¿Tienes idea de dónde pudo conocerle?
– No.
– ¿A qué sitios suele ir ella?
– A Livingston… y a veces a pubs y discotecas de Edimburgo y Glasgow.
– ¿Va a esos sitios con alguien más aparte de ti?
Susie mencionó varios nombres y Siobhan tomó nota.
– Ya ha hablado Susie con ellas -terció Angie- y no saben nada.
– Gracias, de todos modos -dijo Siobhan mirando con exagerado interés el local-. ¿Suele estar tan tranquilo?
– Hoy tuvimos varias clientas a primera hora, pero hay más trabajo a medida que avanza la semana.
– ¿Y no es un problema que no esté Ishbel?
– Nos las arreglamos.
– No sé, pero…
– ¿Qué? -urgió Angie entornando los ojos.
– ¿Para qué necesita dos peluqueras?
Angie miró hacia Susie.
– ¿Y qué podía hacer?
Siobhan comprendió que la mujer había dado trabajo a Ishbel por lástima a raíz del suicidio de su hermana.
– ¿Se le ocurre por qué puede haberse marchado de casa así de repente?
– Quizás ha encontrado un empleo mejor. Hay mucha gente que se marcha de Bane y no vuelve.
– ¿Sería por ese hombre misterioso?
Angie se encogió de hombros.
– Si es lo que desea, que tenga suerte.
Siobhan se volvió hacia Susie.
– Tú comentaste a los padres de Ishbel que tenía aspecto de chulo.
– ¿Ah, sí? -replicó ella como francamente sorprendida-. Bueno, tal vez. Por las gafas y la chaqueta… Era como en las películas. Taxi Driver-añadió abriendo mucho los ojos-. ¿Cómo se llamaba el chulo? La vi en la tele hace un par de meses.
