
– ¿Tienen alguna idea de quién fue? -preguntó ella.
– Oh, sí, desde luego… Los estudiantes de medicina son famosos por su humor negro. La cosa es que fue a parar al cuarto de estar de un piso compartido. Dispusimos que alguien investigara… -Curt la miró-. Un detective privado, entiéndame…
– ¿Un detective privado? Por favor, doctor… -comentó Siobhan meneando la cabeza.
– Pero ya no estaba en ese piso. Claro que igual se deshicieron de él.
– ¿Enterrándolo en el callejón Fleshmarket?
Curt se encogió de hombros. Era un hombre tan reticente, tan escrupuloso… Siobhan advertía que aquella conversación casi le producía dolor físico.
– ¿Cómo se llamaban?
– Eran dos jóvenes casi inseparables… Alfred McAteer y Alexis Cater. Creo que emulaban a los personajes de la serie televisiva MASH. ¿La conoce?
Siobhan asintió con la cabeza.
– ¿Siguen estudiando aquí?
– Ahora están en el Hospital Infirmary, ¡Dios nos asista!
– Alexis Cater, ¿tiene algo que ver con…?
– Sí, es su hijo.
Siobhan hizo una O con los labios. Gordon Cater era uno de los pocos escoceses de su generación triunfador en Hollywood, gracias sobre todo a papeles de carácter en películas taquilleras. Se decía que en cierta ocasión había sido finalista para encarnar a James Bond después de Roger Moore, pero le arrebató el papel Timothy Dalton. Pendenciero en sus buenos tiempos, Cater era un actor que las mujeres adoraban aunque hiciese películas malas.
– Ya veo que es usted admiradora suya -musitó Curt-. Tratamos de impedir que se supiera que Alexis estudiaba aquí. Es hijo de Gordon, de un segundo o tercer matrimonio.
– ¿Y cree que él robó a Mag Lennox?
– Figuraba entre los sospechosos. ¿Entiende por qué no hicimos una investigación oficial?
– ¿Aparte del hecho de que usted y el profesor habrían vuelto a quedar como irresponsables? -dijo Siobhan sonriendo ante el apuro de Curt. Él, como irritado de pronto por los bolígrafos, los cogió y los echó dentro de un cajón.
