– No soy una comeniños -contestó Siobhan.

– Ah, ¿te gusta el hombre más maduro? -bromeó Hawes, mirando de reojo hacia la fotocopiadora.

– No seas tonta -replicó ella consciente de que se refería a Rebus.

Hacía unos meses, al final de un caso, se había encontrado en sus brazos y él la había besado. No lo sabía nadie y ninguno de los dos había vuelto a hablar de ello, pero flotaba en el aire siempre que se encontraban a solas. Bueno…, flotaba sobre ella, porque con John Rebus nunca se sabía.

Phyllida Hawes preguntó, mirando a la fotocopiadora, dónde se había metido el inspector Rebus.

– Recibió una llamada -respondió Siobhan.

Era cuanto sabía, pero la mirada de Hawes daba a entender que le ocultaba algo. Tibbet se aclaró la garganta.

– Ha aparecido un muerto en Knoxland. Acaba de salir en pantalla -dijo dando unos golpecitos sobre ella a título de confirmación-. Esperemos que no sea una guerra entre mafias.

Siobhan asintió despacio con la cabeza. Hacía menos de un año una banda de narcotraficantes había intentado apoderarse del barrio y ello había dado lugar a una serie de apuñalamientos, secuestros y represalias. Eran mafias procedentes del norte de Irlanda, con conexiones paramilitares, según se rumoreó. La mayoría de sus miembros habían acabado en la cárcel.

– No es cosa nuestra -dijo Hawes-. Aquí, una de las ventajas es que no tenemos cerca barrios como Knoxland.

Era bastante cierto. Gayfield Square era una comisaría que prácticamente atendía casos del centro de la ciudad: carteristas y trifulcas en Princes Street, borracheras del sábado y robos en las casas de la Ciudad Nueva.

– Para ti, casi unas vacaciones, ¿eh, Siobhan? -añadió Hawes con una sonrisa.



7 из 401