
– El caso Millbruck no tiene ninguna conexión. No era el mismo modus operandi. Fue quemada y abandonada en un contenedor de basura.
– Pero cuando fue quemada ya no tenía rostro.
– No intentó evitar que la policía de Birmingham averiguara quién era la víctima. Todavía pudieron encontrar huellas. -Movió la cabeza-. No es el mismo asesino, Christy.
– Me alegro de que estés tan seguro -dijo ella sarcásticamente-. Porque yo no lo estoy. No me gusta esto. ¿Y si no quisiera que relacionáramos ambos casos? ¿Y si le hubiera arrancado la cara para retrasarnos y que no supiéramos que se había trasladado a esta zona?
– Es posible. -Joe la miró fijamente a los ojos-. ¿Qué quieres de mí, Christy? No es habitual que pidas ayuda.
– En cuanto los forenses terminen con ella, quiero que le lleves el cráneo a Eve para averiguar qué aspecto tenía esta mujer. No quiero esperar a saber quién es.
Era la respuesta que esperaba. No era la primera vez que le pedían que hiciera de intermediario entre el cuerpo de policía y Eve. Ella probablemente era la mejor escultora forense del mundo y la capitana no iba a dejar pasar por alto semejante recurso humano. Movió la cabeza negativamente.
– De ninguna manera. Tiene un montón de trabajo atrasado y ahora mismo está hasta el cuello. No voy a cargarla con nada más.
– Hemos de saberlo, Joe.
– Y yo no quiero que se agote.
– ¡Por favor! ¿Crees que te pediría esto si no fuera urgente? Aprecio a Eve. Conozco a Eve y a Jane desde hace casi tanto tiempo como a ti. Estoy asustada. Te digo que es necesario, ¡maldita sea!
– ¿Por algún vago consejo de Scotland Yard? ¿Qué caray tienen que ver ellos con todo esto?
– Dos casos en Londres. Uno en Liverpool. Uno en Brighton. No han atrapado al asesino y creen que se trasladó a Estados Unidos hace tres años.
– Entonces pueden esperar a identificarla o a que Eve se ponga al día.
