
Christy movió la cabeza.
– Ven a mi coche y te enseñaré el e-mail de Trevor.
– No me va a hacer cambiar de opinión.
– Puede que sí.
Ella se dirigió al coche. Joe primero dudó, pero luego la siguió. Encendió su ordenador portátil y abrió el e-mail.
– Aquí está. Léelo y haz lo que creas conveniente. -Se dio la vuelta y se marchó-. Tengo que acabar unas cosas por aquí.
Joe ojeó la carta y el informe y luego pasó a la página de la víctima.
Se quedó paralizado del horror.
– ¡Joder!
Cabaña del lago Atlanta, Georgia
No podía respirar.
– ¡No!
No iba a morir, pensó ella con coraje. No había llegado tan lejos para yacer eternamente en la oscuridad. Era demasiado joven. Todavía tenía que hacer, ver y ser muchas cosas.
Otro giro y seguía sin ver luz al final del túnel.
Quizá no tenía final. Quizás éste fuera su final.
Hacía mucho calor y no había aire.
Notaba que le entraban ganas de gritar de pánico.
No te rindas. El pánico era para los cobardes y ella nunca había sido cobarde.
Pero, Dios mío, hacía mucho calor. No podía soportarlo…
– Jane. -La estaban moviendo-. Por Dios, despierta pequeña. No es más que un sueño.
No, no era un sueño.
– Despierta, ¡maldita sea! Me estás asustando.
Eve. No debía asustar a Eve. Quizá fuera un sueño, si ella lo había dicho. Abrió los ojos con mucho esfuerzo y miró el rostro preocupado de Eve.
La preocupación se transformó en alivio.
– ¡Guau! Debe haber sido una pesadilla horrible. -Eve le apartó el pelo de la cara a Jane-. Tenías la puerta cerrada y aún así te he oído gemir. ¿Estás bien ahora?
– Sí. -Se humedeció los labios-. Siento haberte preocupado. -El latido del corazón empezaba a normalizarse y la oscuridad había desaparecido. Quizá no volvería. Pero si lo hacía, debía asegurarse de no molestar a Eve-. Vuelve a acostarte.
