
No hay nada en este libro que desafíe o niegue los principios conocidos, la única extrapolación científica es la propulsión cuántica, e incluso procede de una teoría bastante respetable. (Véase los agradecimientos.)
Si eso resultara ser castillos en el aire, hay varias alternativas posibles, y si nosotros, hombres del siglo XX, podemos imaginarlas, la ciencia del futuro descubrirá, sin duda, algo mucho mejor.
ARTHUR C. CLARKE
Colombo, Sri Lanka,
3 de julio de 1985
Arthur C. Clarke
Cánticos de la lejana Tierra
1. THALASSA
1. La playa de Tarna
Antes de que el barco cruzara el arrecife, Mirissa ya sabía que Brant estaba enfadado. La actitud tensa de su cuerpo mientras llevaba la caña, y el solo hecho de que no hubiera dejado en las manos capacitadas de Kumar este último tramo, le indicaban que estaba disgustado por algo.
Abandonó la sombra de las palmeras y anduvo lentamente hacia la playa, la arena húmeda se hundía bajo sus pies. Cuando llegó a la orilla, Kumar ya estaba doblando la vela. Su hermano « pequeño », casi ya tan alto como ella y todo músculo, la saludó alegremente con la mano. Cuántas veces había deseado que Brant tuviera el carácter amable de Kumar, al que ningún contratiempo parecía afectar.
Brant no esperó a que el barco chocara con la arena. Saltó al agua, que le llegaba a la cintura, y, salpicando furiosamente, se acercó a ella. Llevaba entre las manos una masa de metal retorcido bordeada de alambres rotos y se la mostró.
