Construir una nave es un proyecto enorme — dijo Brant, pensativo. No puedo creer que ninguna colonia lo haga, a no ser que tenga un buen motivo para ello. Como la Tierra…

Su voz se desvaneció en silencio. Después de tantos siglos era una palabra difícil de pronunciar.

Como si fueran una sola persona, se volvieron hacia el este, desde donde la rápida noche ecuatorial avanzaba a través del mar.

En el cielo habían aparecido algunas de las estrellas más brillantes, y justo sobre las palmeras se alzaba la inconfundible constelación del Triángulo. Sus tres estrellas eran casi de igual magnitud, pero una intrusa aún más brillante había brillado una vez, durante unas semanas, cerca del extremo sur de la constelación.

Su encogida cáscara era todavía visible con un telescopio común. Pero ningún instrumento podía mostrar las cenizas en órbita en las que se había convertido lo que antes fuera el planeta Tierra.

2. El pequeño neutral


Más de mil años después, un gran historiador llamó al período comprendido entre el año 1901 y el 2000 « El Siglo en que ocurrió todo ». También añadió que los que vivieron en esa época habrían estado de acuerdo con él, pero por razones totalmente diferentes.

Le hubieran indicado, a menudo con justificado orgullo, las hazañas científicas de su era, la conquista del aire, la liberación de la energía atómica, el descubrimiento de los principios básicos de la vida, la revolución de la electrónica y las comunicaciones, los principios de la inteligencia artificial y, la más espectacular de todas, la exploración del sistema solar y el primer aterrizaje en la luna. Pero como señaló el historiador mirando con la visión que da la perspectiva, ni uno entre mil había siquiera oído hablar de un descubrimiento que sobrepasó a todos estos logros amenazando con reducirlos a la irrelevancia.



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