El servicio de contestador estaba en Ventura Boulevard. Al llegar al comienzo de la calle, vio que los coches de bomberos ocupaban los dos carriles, sus luces rojas brillando en la oscuridad. Vio también varios vehículos de emergencia, incluyendo policía y ambulancias. A pesar de la hora de la madrugada, se había congregado en torno al incendio bastante gente. Stone paró el coche tan cerca como pudo, se bajó y echó a andar.

El edificio se veía muy dañado a la luz de las farolas. El humo seguía saliendo por las ventanas, las mangueras estaban extendidas por la acera y el agua que salía por la puerta principal, desaparecía después por la alcantarilla. Varios agentes de policía contenían a los espectadores.

Stone se abrió paso entre la gente. Menos mal que era de noche y que todo el mundo miraba hacia el edificio. Todo olía a humo, madera abrasada, plástico y otros materiales que no pudo identificar. El miedo seguía dentro de él. Tenía que saber algo de Cathy.

Cuando consiguió llegar a la primera línea de los curiosos, encontró a un joven oficial de policía mirando también hacia el edificio y le llamó dándole unos golpecitos en el hombro.

– Disculpe -le dijo-. Estoy intentando averiguar algo sobre una amiga mía que trabaja en este edificio.

– Si no es usted familiar, no podemos darle ninguna información -contestó el oficial sin mirarlo.

– Comprendo. No necesito que me dé detalles; es que estoy muy preocupado, porque estaba hablando por teléfono con Cathy Eldrige, mi amiga, que trabaja en un servicio de contestador de este edificio, cuando se disparó la alarma. Me quedé en línea con ella mientras llamaba a los bomberos, pero de pronto la llamada se cortó. Querría asegurarme de que está bien.

El policía se volvió hacia él. Era bastante joven, aún no debía haber cumplido los treinta, y lo miró un instante a la cara antes de hablar.



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