
– Dos guardias de seguridad y una mujer han sido trasladados al hospital. Es todo lo que le puedo decir.
– ¿No ha muerto nadie?
– No que yo sepa.
Stone sintió que se desprendía de parte de la tensión. No estaba muerta, pero sí herida. Pensó en hacerle más preguntas, pero seguramente no obtendría más información del policía. En cualquier caso, ya encontraría la forma de saber lo que necesitaba saber.
Casi había vuelto a salir de entre la gente cuando alguien le tiró suavemente de la manga. Miró a su derecha y vio a una joven que le miraba. Era una adolescente y a juzgar por el pelo revuelto y la ropa que llevaba de cualquier manera, debían haberla sacado de la cama.
– Le he oído hablar con ese policía -dijo-. Han llevado a su amiga al hospital de Van Nuys Boulevard. Los de protección civil lo decían mientras la subían en la ambulancia.
– Gracias -dijo, y sonrió-. Has sido muy amable.
– No es nada. Espero que a su amiga no le…
Al darse la vuelta, había expuesto el otro lado de su cara a la luz, y la joven había dado un paso hacia atrás involuntariamente. Stone siguió andando como si no se hubiera dado cuenta.
Tardó menos de diez minutos en llegar al hospital y aparcó en el aparcamiento casi vacío. El personal del turno de noche fue algo más comprensivo que el agente y le permitieron esperar mientras examinaban a Cathy. Se acomodó en una esquina más oscura de la sala de espera. Había un montón de revistas y una televisión, pero él no hizo caso de todo ello y se concentró en Cathy, en que estuviera bien. Los familiares y amigos empezaron a llegar a medida que la noticia del desastre les iba llegando, y Stone se preguntó cuándo empezarían a llegar sus amigos. Apareció una pareja joven, y pensó que quizás fuesen amigos suyos, pero resultó que venían a visitar a la abuela de la mujer.
El tiempo fue pasando. Stone hubiera querido pasearse para calmar su inquietud, pero no se atrevió, así que se quedó sentado pensando en cómo el destino le había hecho estar allí. Llevaba más de dos años sin entrar en un hospital, y los recuerdos que aquel olor despertaba en él no eran nada agradables.
