
Las paredes, de color gris claro, estaban tan llenas de objetos artísticos como el resto de la casa; pero lo más impactante de la habitación era la estatua de una mujer desnuda, de tamaño natural, que sonreía. Estaba en una de las esquinas, junto al escritorio, y el mármol blanco brillaba bajo la luz de la luna. Una de sus finas manos se extendía hacia delante como en una invitación; Simon casi pudo oír que le susurraba, juguetona, «Tócame». En la otra mano sostenía un ramo de flores que apretaba contra el cuerpo y cuyos pétalos le acariciaban un pezón. Parecía tan real, tan viva, que sintió la tentación de tocarla de verdad.
Apartó la mirada de la estatua y caminó hasta el armario. Un examen de su contenido le reveló que la señora Ralston sentía inclinación por los camisones y batas de telas exquisitas y que poseía más sombreros y zapatos de los que ninguna mujer podía necesitar. Sus cejas se arquearon cuando descubrió una pistola pequeña, de cachetes de nácar, en el interior de una bota. Aquello le extrañó bastante. La mujer vivía en un pueblo pequeño, apartado y sumamente tranquilo. No tendría un arma si no quisiera protegerse. Pero de quién o de qué, no lo sabía.
Aunque seguía sin encontrar la caja, ya tenía tal cantidad de preguntas sobre la señora Ralston que estaba convencido de que sus respuestas lo llevarían a resolver el asesinato de Ridgemoor y a demostrar su inocencia.
Se acercó al tocador. En el cepillo había cabellos rubios que debían de ser de ella. Alcanzó un frasquito de perfume y se lo llevó a la nariz; olía a rosas. Por todas partes se veían tarros de porcelana llenos de cremas y ungüentos.
Los dos primeros cajones del mueble revelaron varias docenas de pares de guantes, de todos los estilos, materiales y colores; por lo visto, su debilidad por los zapatos y por los sombreros era una nadería en comparación. En el resto, había camisas, medias y ropa interior extraordinariamente cara. Era obvio que sus finanzas eran boyantes; tal vez, porque se dedicaba a comerciar con secretos de Estado y asesinatos políticos que afectaban a la seguridad del país.
