
– Sólo son especulaciones -le recordó Kelly sintiendo que iba perdiendo poco a poco la paciencia. Existía la posibilidad de que a Randi McCafferty la hubieran echado de la carretera en Glacier Park, pero, sin testigos, resultaba difícil afirmarlo. No obstante, el departamento del sheriff estaba considerando todas las posibilidades-. Estamos tratando de localizar al otro vehículo, si es que hay otro implicado. Hasta ahora, no lo hemos encontrado.
– Pero si hace más de un mes, por el amor de Dios -dijo él mientras Kelly lo observaba desde el otro lado del escritorio, comprobando cómo se le reflejaba en el rostro una batería de sentimientos. Ira. Determinación. Frustración. Y algo más… miedo. Esto último no era una actitud que ella hubiera relacionado con ninguno de los McCafferty. Los tres hermanos, como el padre, siempre le habían parecido intrépidos y carentes por completo de temor alguno-. Además, han pasado más de dos semanas desde que se estrelló el avión de Thorne. ¿De verdad también cree usted que eso fue un accidente?
– Es posible. Lo estamos investigando.
– Bien, pues espero que investigue un poco más -le espetó él. Aquel hombre estaba empezando a afectarla. Una vez más. Sabía bien cómo irritarla. Era como una especie de cardo que se le hubiera metido a un caballo entre la silla y la piel. Matt se irguió y se quitó el sombrero de la cabeza. Entonces, se mesó un cabello casi negro y algo ondulado-, antes de que muera alguien.
– Los federales están trabajando también en el accidente de avión.
– Pues eso no parece estar ayudando en lo más mínimo.
– Le aseguro que estamos haciendo todo lo que podemos para…
– No es suficiente -la interrumpió él. El fuego le brillaba en los ojos-. ¿Está usted a cargo de esta investigación, detective? -le preguntó observando atentamente la placa que ella llevaba con tanto orgullo. Apretaba con fuerza el ala de su sombrero Stetson, con tanta fuerza que tenía los nudillos blanquecinos.
