
– Créame, señor McCafferty.
– Matt. Llámame Matt. Hay demasiados McCafferty para llamarnos a todos por el apellido. Además, me da la sensación de que los dos vamos a trabajar muy unidos en este caso. Tengo la intención de pegarme a ti como si fuera pegamento hasta que descubras quién diablos está detrás de esto. Por lo tanto, es mejor que nos dejemos de formalidades.
La idea de trabajar unida a alguien apellidado McCafferty se le atragantaba por completo a Kelly, en especial con aquel vaquero tan guapo y tan seguro de sí mismo y que, además, parecía ser el más irritante de todos. Desgraciadamente, no parecía que tuviera mucho que decir en el asunto.
– Muy bien, Matt. Como te estaba diciendo, nos estamos esforzando todo lo que podemos en averiguar la verdad de lo ocurrido en esos dos accidentes. Todo el departamento está arrimando el hombro para descubrir qué fue lo que ocurrió.
– Pero no demasiado rápido -gruñó él.
– Y ninguno de nosotros, en especial yo -continuó ella, señalándose el pecho-, necesita que estés mirando constantemente por encima del hombro -concluyó. Entonces, arrojó el bolígrafo a la taza que tenía sobre la mesa-. ¿Acaso no contrataste tu propio detective privado?
Matt apretó los labios durante un instante.
– ¿No se trata de un hombre llamado Kurt Striker? -insistió ella cruzándose de brazos.
– Sí -admitió él-. Me pareció que necesitábamos más ayuda.
– ¿Y qué tiene él que decir?
– Le parece que hay juego sucio -respondió McCafferty mirando fijamente a Kelly, como si no pudiera decidir de qué iba ella. Mala suerte. Estaba acostumbrada a que los hombres desconfiaran de ella como detective sólo porque era una mujer y eso era precisamente lo que le parecía que ocurría con Matt. Era una verdadera pena. Kelly no iba a dejar que la acosara o la intimidara nadie, ni siquiera uno de los poderosos y ricos McCafferty. El padre de Matt, John Randall, había sido uno de los hombres más ricos, poderosos e influyentes del condado, y sus descendientes creían que aún ocurría lo mismo con ellos. Pero no sería así en aquel despacho.
