Nicole le entregó el bebé al hombre con el que se iba a casar.

– Toma, tío Thorne, ocúpate tú de J.R. mientras yo voy a ver si Juanita necesita ayuda en la cocina.

– Yo también ayudo -exclamó Molly, que acababa de entrar en el salón para ir a buscar a su madre antes de dirigirse a la cocina.

– ¿Y tú? -le preguntó Nicole a Mindy, que siempre iba por detrás de su decidida hermana.

– Tí. Yo también.

– Entonces, vamos.

Cuando las tres se hubieron marchado, Matt miró a su hermano y sonrió. Thorne, millonario y director general de McCafferty International, hasta aquel momento seductor y donjuán de fama internacional, trataba de evitar que su sobrino se le cayera de las manos mientras se colocaba la pierna rota.

– Eh, me vendría bien un poco de ayuda -gruñó, aunque sin dejar de sonreír al niño.

– ¿No habías dicho que había que dar de comer al ganado? -le preguntó Matt a Slade.

– Así es.

Los dos McCafferty más jóvenes se marcharon, dejando a su hermano a cargo del pequeño bebé. Mientras se ponía la chaqueta, Matt pensó que, dado que no podía echarles una mano en el rancho, lo más justo era que Thorne ejerciera de canguro para su sobrino.


La mujer que había sobre la cama de hospital tenía un aspecto terrible, aunque, según los partes médicos, estaba sanando. No obstante, en opinión de Kelly, a Randi McCafferty le quedaba un camino muy largo por recorrer. Tenía tubos y monitores conectados a su cuerpo por todas partes y yacía sobre la cama, completamente inmóvil, delgada y pálida, a pesar de que la mayoría de los hematomas y de los cortes ya habían desaparecido.

– Ojalá pudieras hablar -dijo Kelly mordiéndose el labio inferior.

A pesar de todo el dolor que los McCafferty habían infligido a su familia, a Kelly no le gustaba ver a nadie en aquella situación.



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