
– ¿Qué estás haciendo aquí?
– Me reuní con el detective Espinoza en Urgencias y luego decidí venir a ver a tu hermana.
– Deberías estar buscando líneas de investigación para tratar de encontrar al canalla que le hizo esto -dijo Matt. Se acercó a la cama de Randi y miró a su hermana.
Kelly lo observó atentamente y se sorprendió al ver la profundidad de los sentimientos que se reflejaron en el rostro del duro vaquero, algo que jamás hubiera imaginado. Según se comentaba por la ciudad, se había convertido en un hombre muy solitario. Le pareció que en aquellos ojos se reflejaba ira y determinación, pero también culpabilidad. En cierto modo, Matt McCafferty se sentía responsable por el estado de su hermana. Tal y como Kelly había hecho minutos antes, tomó la mano de su hermana entre sus enormes dedos.
– Aguanta ahí -dijo, acariciándole suavemente el reverso de la mano con un dedo, con mucho cuidado de no tocarle la vía que se le hundía en la piel.
Kelly sintió una profunda emoción en la garganta al reconocer su dolor.
– J.R., tu hombrecito, te necesita -susurró Matt.
Entonces, algo avergonzado, miró a Kelly. Evidentemente, se sentía más cómodo herrando caballos o reparando vallas que tratando de animar a una hermana en coma, pero, al menos, lo estaba intentando. Kelly sintió que el corazón le daba un vuelco. Tal vez Matt McCafferty era mucho más de lo que parecía a primera vista y de lo que se decía de él.
– Nosotros también te necesitamos -añadió con voz ronca. Tras golpear suavemente el hombro de su hermana, se dio la vuelta.
Kelly suspiró. ¿Quién era aquel hombre y por qué reaccionaba ella ante él de aquella manera? Tenía las manos sudando y le parecía que el corazón se le había acelerado al verlo. Sólo era una locura. Imposible.
