Se decidió a seguirlo al exterior.

– ¿Dónde está Espinoza? -le preguntó él cuando estuvieron fuera de la habitación.

– Probablemente haya regresado ya a la oficina. Ha terminado el otro caso que lo ha traído aquí, pero es muy consciente de que tú estás preocupado. Te llamará esta noche, pero no creo que te pueda dar más información de que la que te he dado yo.

– Maldita sea…

Se dirigieron al ascensor y entraron en su interior. Kelly trató de no prestar atención al hecho de que el pulso se le había acelerado. Inmediatamente, notó el olor a cuero y a jabón. Cuando las puertas del ascensor se cerraron y se quedaron a solas, Kelly notó que él la miraba. Ella trató de zafarse del intenso escrutinio al que la sometían aquellos acusadores ojos, pero no pudo hacerlo. Se mantuvo firme cuando él le preguntó:

– ¿Por qué estabas en la habitación de Randi?

– Para volver a centrarme. Hacía mucho que no la veía y, después de tu visita de esta tarde, pensé que debía venir a verla para ver cómo estaba. Por supuesto, he estado en contacto con el hospital, pero pensé que verla me podría aclarar algunos puntos.

– ¿Como cuáles?

– No entiendo por qué estaba en Glacier Park. ¿Adónde iba? ¿Quiénes eran sus enemigos y quiénes sus amigos? ¿Por qué despidió al capataz del rancho más o menos una semana antes de marcharse de Seattle? ¿Qué le ocurrió en su trabajo? ¿Quién es el padre de su hijo? Esa clase de preguntas.

– ¿Y has conseguido alguna respuesta?

– Estaba esperando que alguien de la familia pudiera saber alguno de estos detalles.

– Ojalá. Nadie sabe nada.

Las puertas del ascensor se abrieron. Habían llegado al vestíbulo de entrada. Kelly salió primero del ascensor.

– ¿Qué es lo que sabes sobre un libro que tu hermana estaba escribiendo?

– No estoy seguro de que ese libro exista -respondió él mientras cruzaban el vestíbulo.



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