
En lo que se refería a la detective Kelly Dillinger, Matt McCafferty sólo podía significar malas noticias. Estaba, sencilla y llanamente, cortado del mismo patrón parcial, mojigato y egoísta que el resto de sus hermanos y que el canalla de su padre.
Sin embargo, eso no significaba que no fuera guapo. Si a una le gustaban los vaqueros rudos, Matt McCafferty era el más indicado. Su duro atractivo era legendario en Grand Hope. Él y sus hermanos habían sido considerados los mejores partidos del condado durante años, pero Kelly se enorgullecía de ser diferente de la mayoría de las mujeres que sentían deseos de desmayarse cada vez que escuchaban el apellido McCafferty.
Eran guapos.
Eran muy sexys.
Tenían mucho dinero.
¿Y qué?
Por aquellos días, la reputación de los tres hermanos se había visto ensombrecida un poco. La fama les había pasado factura y se rumoreaba que el mayor de todos, Thorne, estaba perdiendo su estatus de soltero de oro y se iba a casar con la doctora de la ciudad.
No se podía decir lo mismo del segundo hermano, Matt. Parecía que iba a tener que ocuparse de él en aquel mismo instante.
Estaba abriendo la puerta de la oficina del departamento del sheriff en Grand Hope con uno de sus anchos hombros. Con él, entró en el despacho una oleada de aire gélido y copos de nieve que se deshicieron inmediatamente en el momento en el que afrontaron la cálida temperatura que proporcionaba la humeante cadera que se ocultaba en algún lugar del sótano del antiguo edificio de ladrillos.
Matt McCafferty. Genial. Simplemente… genial. Kelly ya tenía un fuerte dolor de cabeza y estaba hasta arriba de papeleo, una gran parte del cual estaba relacionado con el caso de los McCafferty. En realidad, era más apropiado decir casos, en plural, de los McCafferty. Desgraciadamente, tampoco podía ignorarlo. Miró a través del cristal que delimitaba su despacho y lo vio avanzar a través de la oficina, casi sin detenerse en la pequeña valla que separaba la zona de recepción de la de oficinas. Pasó por delante de la recepcionista en medio de una oleada de furia.
