– Para mañana escribid en el cuaderno cuáles eran las necesidades de vuestros padres cuando eran pequeños.

Pero ¿qué es esto? ¿Las necesidades de cuando eran pequeños? ¿Las necesidades necesidades? Todos se ríen. Cómo no. ¿Os habéis puesto de acuerdo? ¿Y además tres materias para mañana? Es obvio que tendré que apresurarme para poder salir con Alis y Clod. Nos mirarnos.

– Nos vemos a las dos y media, habrá que hacerlo todo en hora y media.

En efecto, después nos espera la consabida visita a Cióccolati. Septiembre me gusta además porque puedes recordar el verano que acabas de dejar atrás. ¡Y menudo verano! El verano en que he besado por primera vez. Vale, no es un título original, estoy de acuerdo, pero las cosas sólo son extraordinarias en la vida de la persona a las que les suceden. Y, en cualquier caso, ésta os la quiero contar como sea; mejor dicho, todavía recuerdo cómo se la conté a mis dos amigas íntimas: Clod y Alis.

Clod es una chica fantástica. Se come todo lo que le ponen por delante, te roba incluso la merienda si no estás atenta, pero en dibujo es un hacha y por eso se lo perdonas todo. De hecho, pasa los deberes a media clase y se aprovecha de esa circunstancia para hacerse con las meriendas que más le gustan. La mía, pan con aceite y Nutella, es sin lugar a dudas la más apetecible y la que, por tanto, desaparece en primer lugar. Alis, en cambio, es una especie de princesa: es alta, delgada, guapísima, elegante, con un no sé qué de aristocrático que parece diferenciaría de las demás, pero luego, de repente, sabe ser tan divertida que cualquier duda sobre ella queda despejada. Aunque a veces es de un pérfido…

En cualquier caso, estamos a la entrada del colegio, a principios de septiembre, acabamos de volver de las vacaciones y es el primer día de clase.

– ¡Yujuuu! -grito como una loca.

– ¿Por qué estás tan contenta?

Llego morena como nunca, con el pelo tan rubio que casi parezco sueca, una de esas cantantes que surgen de repente con la melena larga casi blanca, los vaqueros rigurosamente desgarrados, los pies descalzos, la guitarra en las manos y la mirada lánguida.



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