– Te avisaré cuando haya establecido contacto con ella -dijo con más confianza de la que sentía.

Nic no estaba seguro de nada, pero sabía que se que daba sin respiración simplemente con anticipar el momento de volverla a ver.

Ahora que había terminado su período de luto, nada ni nadie se interpondría en su camino para conseguir lo que quería.


Veintinueve de enero. Kingston. Nueva York

– Perdona que te interrumpa. Piper, pero hay un hombre que pregunta por ti.

Jan, la anterior distribuidora de la zona noreste de Diseños Duchess, era ahora la asistente personal de Piper en la compañía que había montado junto con Don Jardine. Finalmente había decidido llamarla Cyber Network Concepts.

Piper seguía haciendo bocetos en su mesa de dibujo.

– Oficialmente no estoy hasta mañana.

Se había mudado al edificio de oficinas en el que, en una de las alas, Don todavía mantenía su imprenta. Él le había dado el despacho contiguo al suyo y ambos se conectaban a través de una puerta. Hasta ahora todo marchaba perfectamente.

– Se lo he dicho pero, de todas formas, insiste en verte.

– ¿Cómo se llama?

– Me dijo que prefería sorprenderte.

– Eso es sólo una táctica agresiva de vendedor. Probablemente sea el director regional de máquinas Mid Valley. Ha estado dándonos la lata para que compremos sus productos durante meses. Deshazte de él, Jan.

– Me advirtió que no se marcharía hasta que hubiera hablado contigo y me temo que lo dice en serio.

– Todos hablan en serio, pero si realmente está tan ansioso, que hable con Don.

– No quiere hablar con él.

– Entonces está haciéndonos perder el tiempo. Si fuera un cliente, te habría dicho su nombre. Puesto que hemos pagado todas las facturas, no puede ser un acreedor. Dile que acabamos de regresar de Sydney y que tenemos un montón de trabajo por hacer. Mañana es martes. Lo veré entonces.



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