
En los últimos seis meses Don y ella habían conseguido lucrativas cuentas de publicidad con empresas americanas con negocios en Australia y Sudamérica. Ahora Piper tenía más trabajo del que podía manejar.
– Me temo que no aceptará un no por respuesta.
El matiz de su voz hizo que Piper girara la cabeza. Haber contratado a Jan como gerente y encargada de ventas del negocio de calendarios en Estados Unidos había sido una jugada maestra. Dado que Jan tenía gran intuición para los negocios, Piper estaba sombrada al descubrir que su recién comprometida asistente pudiera dejarse intimidar por alguien.
– ¿Cómo es que te da miedo decirle que no?
– Tiene cierto aura. Ya sabes, una determinada presencia. Quizá sea porque es extranjero.
A Piper se le erizó el vello del cuello.
– ¿Cómo que extranjero?
– Si te refieres a su inglés, lo habla perfectamente, aunque con un ligero acento. Creo que puede ser de algún país mediterráneo o algún otro sitio cercano.
– ¿Así que es moreno?
– Sí, pero alto y bien… bueno, ya sabes, con un cuerpo que todas nosotras desearíamos. Ya sabes a lo que me refiero. Para ser sincera, es el hombre más atractivo que jamás he visto en toda mi vida. Por favor, no le digas a Jim lo que acabo de decir.
El carboncillo se resbaló de entre los dedos de Piper. Había tres hombres que encajaban en aquella descripción y los tres pertenecían a la misma familia.
– ¿Y el acento de ese hombre te parecía francés?
– No sabría decirte.
– ¿Tiene los ojos de un color negro encendido?
– No, los suyos son de un marrón penetrante.
¡Socorro!
Piper intentó tragar saliva. Era imposible.
– ¿Lleva una banda en el brazo?
– No. Lleva un fabuloso traje sastre de color gris. Puede que te suene raro pero tiene un porte, diríamos, real.
Piper se levantó de su mesa en estado de shock.
– Acabas de conocer al futuro duque de Pastrana de la casa de Parma-Borbón. Nic es primo de los maridos de Greer y Olivia.
