
Con razón Jan actuaba como si hubiera sido una experiencia única en su vida. En absoluto estado de pánico, Piper continuó.
– Si valoras tu trabajo, déjame ponerme tu anillo de compromiso. Sólo lo necesitaré unos cuantos minutos. Hasta que se marche, además de ser la socia de Don soy su prometida. ¿Lo has captado?
Su asistente asintió lentamente antes de quitarse su modesto anillo de diamantes. Piper se lo puso. Le que daba un poquito holgado ya que Jan era de constitución más fuerte que ella, pero no importaba. En el fondo era un anillo de compromiso y con eso serviría.
– Gracias. Por hacerme este favor tendrás una bonificación en la próxima paga. Adelante, ve y envíamelo.
El corazón de Piper bramaba bajo el jersey azul marino que se había puesto aquella mañana junto con sus pantalones vaqueros. Cuando no viajaba para visitar a clientes, invernaba en su despacho para dibujar, aparta da de la gente.
Se sentó y volvió a levantarse sin poder decidir cómo lo recibiría. Cuando lo vio en la entrada, tan alto y con aquel físico tan atractivo, pensó que sería una buena idea volver a sentarse o las piernas no la sujetarían.
– Bueno, bueno, bueno -declaró con simulado descuido y poniéndose a la defensiva-. Pero si es el capitán del Piccione.
Capítulo 2
– Buenos días, señorita Piperre.
Cuando Nic pronunciaba la «r» de aquella manera, el sonido resonaba en todas y cada una de las partículas del cuerpo de Piper. No importaba lo mucho que intentara resistirse a su potente presencia masculina, porque sería incapaz de hacerlo.
– La última vez que te vi estabas escondido entre los arbustos de tu propiedad privada, esperando para hacerme desaparecer para que Luc pudiera poner en práctica su plan con Olivia.
En aquel momento ella esperaba que Nic se hubiera olvidado de su luto y se reconciliara con ella. Después de todo, él se había quitado la banda en señal de duelo durante el corto espacio de tiempo que estuvo en el Piccione. Piper se moría de ganas por que la besara.
