
– Ya he visto lo que hay entre Don y tú. Yo estaba pensando en darte un bebé mío.
Piper no podía haberlo escuchado bien.
– ¿Por qué diablos crees que quiero un bebé y mucho menos tuyo?
– Porque yo estaba en la oficina de Luc el día que Olivia te llamó para contarte la noticia. Parece ser que el micrófono estaba encendido.
El corazón de Piper se aceleró mientras ella intentaba recordar sus palabras exactas.
– En cuanto tu hermana te lo contó, rompiste a llorar de alegría por ella y después le dijiste que pensabas que era la mujer más afortunada del mundo.
– ¡Por supuesto que lo dije! -se defendió con voz firme-. Olivia es muy afortunada por haberse enamorado de un hombre que la quiere y que quería casarse con ella. Esa sería la única forma en la que querría tener un hijo. A estas alturas ya deberías saber que las hermanas Duchess no van por ahí acostándose con cualquiera.
Él ladeó la cabeza.
– En cierta ocasión me invitaste a echarme una siesta contigo en la hierba.
Ella le dedicó una sonrisa necia.
– Eso fue diferente. No pensaba echarme contigo en la forma que piensas. Sólo quería divertirme un poco contigo porque en realidad no creía que estuvieras guardando luto. Si ése hubiera sido el caso, nunca te habrías despojado de la banda a pesar de estar trabajando de incógnito.
Abrumada por las emociones, continuó hablando cada vez más deprisa.
– Dado que mi objetivo en Europa era conseguir una proposición de matrimonio por parte de un playboy de la Riviera y luego rechazarlo, decidí ver si podía besar a uno por el mero hecho de hacerlo. Pero, después de todo, parece ser que subestimé el amor que sentías por tu difunta prometida -se encogió de hombros-. Ahora ya nada de eso importa.
Las sombras oscurecían la preciosa cara de Nic.
– No totalmente. Desde el principio tu instinto te decía la verdad. Nunca amé a Nina Robles.
Piper no estaba segura, pero parecía que decía la verdad. Suponía que, si realmente hubiera estado enamorado de Nina, se habrían casado mucho tiempo antes.
