– ¿Así que decidiste llevar una banda en señal de luto durante un año para pagar por tu pecado? -se burló ella.

– Sí -admitió violentamente.

– Oh, ya veo -ella le lanzó otra sonrisa burlona-. Como has nacido dentro de la aristocracia, te ves forzado a comprometerte sin amor y mantener la farsa. Pobre Nicolás. Para ser sincera contigo, no creo que la mayoría de los compromisos reales se hayan efectuado por amor verdadero.

– Algunos sí lo son -respondió con una suave voz-. Mi caso era complicado porque mi familia y la familia Robles están emparentadas y han tenido mucha relación a lo largo de los años. Era previsible que hubiera matrimonio entre Nina y yo. Su imprevisto fallecimiento complicó las cosas hasta el extremo de que el señor Robles espera que, según una antigua ley, me case con su otra hija, Camilla.

– A mí eso me parece algo bíblico.

– Porque lo es -murmuró-. Mi padre también se está dejando llevar en esa dirección.

– ¿Y Camilla tampoco te gusta?

– No. Estoy enamorado de otra persona pero no puedo hacer nada, porque ella no me corresponde.

El interés de Nic por otra mujer tenía que ser el secreto mejor guardado de la casa de Parma-Borbón, ya que sus hermanas no la habían informado de ello. Aquella devastadora revelación hizo que Piper se dirigiera hacia su mesa y se sentara antes de que el dolor pudiera hacer que se desintegrara delante de él. Ahora estaba tan lejos de su alcance…

Con voz seca le preguntó:

– ¿Por qué estás realmente aquí, Nic?

– El período oficial de duelo terminará en tres días. Para echar por tierra los planes que ambas familias tienen para mí, me gustaría llegar a Marbella con mi esposa.

– Una esposa, ¿eh? Bueno. No tendrás ningún problema. Debe de haber más de una docena de candidatas reales que te habrán echado el ojo desde hace años.



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