
– Ninguna de ellas encaja para lo que tengo en mente. Tú eres la única mujer sin título nobiliario que puedo llevar a casa sin que mi familia sea capaz de rechazarte en público o forzarme a que renuncie a ti.
– ¿Quieres decir que soy aceptable porque mis hermanas se han casado con tus primos y por consiguiente yo me llevo el premio de consolación? -gritó con la cara colorada por la ira.
– Algo de cierto hay en eso -respondió suavemente-. Mis padres te conocen y te encuentran encantadora. Además saben la historia de las hermanas Duchess y son conscientes de que tú y yo hemos pasado algún tiempo juntos en varias ocasiones durante mi período de luto.
– Espera un momento -lo interrumpió.
En aquel momento estaba tan fuera de sí misma por la angustia que se levantó de nuevo, a pesar de que tuvo que agarrarse al filo de la mesa para encontrar apoyo.
– Eso que me has dicho acerca del bebé, ¿no estarás sugiriendo que pretendamos hacerles creer que nos hemos estado viendo a escondidas y que ahora estoy embarazada de ti?
– No habrá que fingir nada si nos casamos antes y disfrutamos de una pequeña luna de miel de regreso a España. Para entonces podremos decir a la familia que es probable que estemos esperando un bebé. Eso hará que mi matrimonio sea un fair accompli en el sentido estricto de la palabra.
Ella negó con la cabeza.
– De ninguna manera. El favor que me pides es imposible. Aparte del hecho de que no me gustas, tú estás enamorado de otra persona.
– ¿Acaso importa?
Que respondiera con semejante sangre fría dejó a Piper perpleja.
– Obviamente a ti no te importa, pero a mí sí. No estamos enamorados el uno del otro así que no funcionaría. Además, quisiera que mi mundo permaneciera tal y como es. Mi carrera acaba de despegar y estoy emocionada por ver hasta dónde me lleva. No veo nada más absurdo que desfilemos por ahí como marido y mujer en una unión sin amor sólo porque quieras librarte de casarte con Camilla y yo sea la marioneta que tienes más a mano.
