Sin embargo, fue otra voz la que lo saludó.

– ¡Aquí estás, Con! -exclamó el recién llegado con voz alegre-. Debí haberlo supuesto. Te he estado buscando por todos lados. ¿Molesto?

– No. -Con se enderezó y se volvió para mirar a Phillip Grainger, su vecino y amigo-. He venido para compartir las buenas noticias con Jon La búsqueda ha sido fructífera.

– ¡Ah! -Phillip no preguntó a qué búsqueda se refería. Se inclinó para darle unas palmaditas en el cuello a su montura a fin de tranquilizarla-. Bueno, supongo que era inevitable. Pero hace un día espantoso para que estés aquí en el cementerio. Vamos a Las Tres Plumas, te invito a una pinta de cerveza. O a dos. O a veinte. Eso sí, la vigésima primera la pagas tú.

– Una invitación imposible de rechazar. -Con se colocó el sombrero y silbó para que se acercara su caballo, que acudió al trote.

– ¿Te vas, entonces? -le preguntó Phillip.

– Ya me han dado el aviso para que lo haga -respondió Con, mostrando una sonrisa feroz-. Tengo que marcharme antes de que acabe la semana.

– ¡Caray! -Su amigo hizo una mueca.

– En fin… -repuso Con-, no pienso darle la satisfacción. Me iré cuando lo estime conveniente.

Se quedaría desoyendo a su propia voluntad y también desoyendo una orden con tal de fastidiar. Llevaba un año fastidiando a ciertas personas con bastante éxito.

De hecho, llevaba toda su vida haciéndolo. Porque era la forma más rápida de lograr la atención de su padre. Un motivo muy inmaduro si se paraba a analizarlo.

Phillip rió entre dientes.

– ¡La madre que te…! -Exclamó su amigo, que no completó la frase-. Voy a echarte de menos. Aunque esta mañana me habría encantado no tener que buscarte por todo el campo después de que me dijeran que no estabas en casa.

Mientras cabalgaban, Con volvió la cabeza por última vez para mirar la tumba de su hermano.



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