Por absurdo que pareciera, se preguntó si Jon se sentiría solo cuando se marchara.

Y si él mismo también se sentiría solo.

CAPÍTULO 01

Los habitantes de Throckbridge, un pueblecito situado en Shropshire, y sus alrededores pasaron la semana anterior al 14 de febrero muy emocionados. Alguien (la identidad de la persona en concreto no estaba del todo clara, aunque seis o siete personas se atribuían el mérito) había sugerido que se celebrara una fiesta en la planta alta de la posada para celebrar el día de San Valentín, dado que parecía haber pasado una eternidad desde las Navidades y todavía faltaba otro tanto para el verano, fecha en la que se celebraba la verbena estival de Rundle Park.

Una vez planteada la sugerencia (de labios de la señora Waddle, la esposa del boticario, o de la señora Moffet, el ama de llaves de sir Humphrey Dew, o de la señorita Aylesford, la hermana solterona del vicario, o de cualquier otra persona de las que afirmaban haber tenido la idea), nadie fue capaz de explicar por qué nunca se les había ocurrido celebrar dicha festividad con un baile. Sin embargo, y dado que ese año sí se les había ocurrido, a nadie le cabía la menor duda de que la celebración de San Valentín se convertiría en un evento anual a partir de ese momento.

Todos estuvieron de acuerdo en que era una idea magnífica. También estuvieron de acuerdo, con especial énfasis tal vez, los niños que no tenían la edad suficiente para asistir ese año pese a las enérgicas protestas dirigidas a los adultos que habían impuesto las reglas. La asistente más joven sería Melinda Rotherhyde, que contaba con quince años, y su presencia quedaba justificada porque era la benjamina de los Rotherhyde y era impensable dejarla sola en casa. Y también se le permitía la asistencia, según añadieron las voces más críticas, porque los Rotherhyde siempre habían sido muy indulgentes con sus hijos.



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