
Volvió a mirarlo, sin poder decidir si ella se lo imaginaba o si, realmente, la mirada de él se había vuelto un tanto furtiva. ¿Habría empezado ya a hacer planes para deshacerse de ella?
Por eso Blanca estaba asustada, y se daba cuenta de que le sucedía con frecuencia, pero no se animaba a enunciar francamente lo que pensaba.
-En la corte de mi padre hay dificultades -dijo, en cambio.
Enrique asintió con la cabeza, haciendo una pequeña mueca.
-Parece que siempre hubiera dificultades, cuando un rey tiene hijos de dos esposas. Aquí mismo, entre nosotros, tenemos el ejemplo.
-Nadie podrá evitar que os ciñáis la corona, Enrique.
-Mi madrastra hará todo lo que pueda, estad segura. Ya está haciendo planes para su pequeño Alfonso y para Isabel. Es peligroso, cuando un rey enviuda y se vuelve a casar... es decir, cuando hay hijos de ambos matrimonios.
-Creo, Enrique, que mi madrastra es aun más ambiciosa que la vuestra.
-Difícilmente podría serlo; pero admitamos que tiene por lo menos tantas esperanzas puestas en su pequeño Fernando como la mía en Alfonso e Isabel.
-Según las noticias que tengo de Aragón, ha perdido la cabeza por ese niño, y ha hecho que a mi padre le suceda lo mismo. Me han dicho que ama al infante Fernando más que a Carlos, a mí y a Leonor juntos.
-Es una mujer de carácter fuerte, que tiene esclavizado a
vuestro padre. Pero no temáis, que Carlos tiene la edad suficiente para defender lo que le pertenece... lo mismo que yo.
Blanca se estremeció.
-Enrique, estoy tan feliz de no estar allá... en la corte de mi padre.
-¿Nunca echáis de menos vuestro hogar?
-Desde que nos casamos, Castilla es mi hogar, y no tengo otro que este.
